miércoles, 31 de enero de 2018

Súplica sin oyente

Me he roto en una cascada de lágrimas,
lágrimas que tenía tan adentro
que asimilé que eran el plasma de mis vasos.

Ha bastado una eclosión de notas en la radio.
Tú no estabas ahí para escucharla,
ha sido como romper la presa
de mis cárceles oxidadas de Pandora.

Exprimido por mi dolor y mis alegrías,
tan intensas que no sé distinguirlas.
Las deposito todas a tus pies,
de forma que puedas burlarte de mis entrañas,
que tus patadas sobre ellas
sean los besos más cercanos que puedas darme.

No te detengas hasta dejar a mis regalos rotos,
reventados, sangrantes, exánimes.
El jugo de lo que queda de mí, lo recogeré.
Con todo el cuidado que pueda.

Para verterlo en el océano,
así disolverlo lejos y amplio.
Océano libre, y yo algo esclavo de él.

Mi firma en el mar del que puedo beber
para llorar de nuevo.

martes, 2 de enero de 2018

La sonrisa etrusca







La sonrisa etrusca
José Luis Sampedro
1985

Acostumbrado toda su vida a los principios de su campo, el anciano Salvatore Roncone es trasladado a la casa de su hijo en Milán, donde pueden procurarle un mejor seguimiento de su estado de salud. Confinado en una casa con la estirada de su nuera y la maniática asistenta, y rodeado de gente sofisticada en una gran ciudad cuyos mecanismos no acaba de comprender, Salvatore parece destinado a confrontar mucho con el estilo de vida que le toca vivir. Hasta que llega el amor, sin esperarlo. Esta es una historia de cómo descubrir el amor puede suavizar a la más terca de las personas. 


Se trata de un libro notablemente narrado, donde las acciones y emociones sobrevienen a un buen ritmo, y los acontecimientos son de una sencillez cautivadora. Básicamente, trata de cómo un anciano que ha vivido siempre en un entorno rural, con sus manías y prejuicios bien arraigados, choca frontalmente con las costumbres de personas urbanas. Aunque muchos de sus principios parecen inamovibles, todo ello empezará a cuestionarse con el tiempo que pasa con su nieto Brunettino, de apenas unos meses de edad, por quien el veterano siente verdadera devoción. Construir un mundo mejor para su nieto acabará transformando su vida, replanteando sus instintos y ampliando su altura de miras respecto al mundo que va dejando detrás de sí. Es muy fácil meterse en la pie de este curioso protagonista y vivir esta maduración con credibilidad. 

Es un libro muy emotivo, lo cual explica que tantos lectores hayan querido asomarse a él. A lo lago de la historia hay muchas caras para analizar: el drama, el nacimiento y la consolidación del amor puro, el buen humor constante de anciano. En definitiva, es un libro que recoge el aprendizaje que todos pasamos: aprender a vivir. Y lo importante de la vida se refleja muy claramente en sus últimas páginas.


miércoles, 27 de diciembre de 2017

Las pasiones efímeras

Es bastante humano creerse que lo que a uno le gusta de verdad, aquello a lo que dedica su vida es sin duda lo más importante de cuanto puede practicarse en el mundo

El objeto de la defensa no admite límites, porque contiene lo sublime de la experiencia personal. Ciertas gotas de egoísmo bien dirigido se mezclan con una muralla que se alza contra las diferencias de los otros. Se deja elevar por su elección, la cual tiene potencia sobrada para eclipsar a las demás opciones y sumirlas a sus ojos en la irrelevancia. Y ahí se queda, en lo alto de un castillo edificado con los ciegos disfrutes de la autocontemplación, sustentado por una bomba de propulsión que emana de la propia repetición de su seguro acierto. 

¿Hasta cuando? 
En lo que llevo de vida no he conocido pasión que pueda perdurar eternamente. Si tengo que señalar los motivos, diría que es una combinación de dos soluciones de continuidad. 

La primera: no hay pasión que se revierta de tal atractivo que sea inagotable. Existen campos de fecundidad tan amplios en sus recovecos que son inabarcables para nuestra mente, donde el individuo puede encontrar gozo y satisfacción al disfrutar de cada una de sus ramificaciones. Sin embargo, el atractivo que despierte no se mide en laberintos, sino más bien en una línea que se extiende hasta que no da más de sí y se comba. Llámese cansancio, hartazgo o desinterés lo que delimita su final. La rueda pierde inercia, el movimiento ya no agita el cuerpo con el dinamismo de sus mejores clímax. Es aquí cuando todo ser viviente piensa que es mejor bajarse de la nave y cambiar el transporte, mejor algo nuevo antes de quedarse varado en la nada.

Y la segunda razón, seguramente la vida es un intervalo demasiado breve para vivir siempre de la misma forma. El tiempo es un extraño intangible: podemos registrarlo con calendarios y relojes, pero nada lo mide tan bien como la presión que ejerce sobre nuestros hombros. Se lleva de forma cíclica la parte más superficial de nuestra rutina, erosiona con lentitud puntual todo cuanto nos conforma. De alguna forma, el tiempo nos recuerda que no nos espera nunca, y es una reacción muy natural querer recibirlo siempre con un ánimo distinto, como el que sorprende un poco más cada día a su pareja. Preferimos renovarnos a morir - aunque vaya a tocarnos igual - porque es una forma de tener varias vidas antes de una sola muerte, esta galería de disfraces de nosotros mismos es lo más inmortal que vamos a experimentar. 

Vivan intensamente sus pasiones de temporada, pero con más intensidad si cabe su apasionada temporalidad.



martes, 28 de noviembre de 2017

Mi imparable ejército de juguetes

Como cuando algo te sale bien.
Es parecido a recogerme en tu cálido abrazo,
encontrar del faro de tu sonrisa entre tu aliento
y empañarme con el fondo de espejo de tus ojos.
Querida... No hablo hoy de ti.

Hablo de cuando algo sale muy bien.
También lo veo en las esquinas diarias.
Es lenta, puede ser casi invisible.
Flota como la sinuosa pausa
que incómoda precede al aplauso.

Toma sitio frente a la sorpresa.
Y activa el resorte, oculto.
Destapa la incontenible fiera alegre.
La llevamos tan adentro que olvidamos.

Esto va dedicado a todos vosotros:
¡mi imparable ejército de juguetes!
No habrá marea que suba o baje
cuando uno tiene sueños que flotan.
Tomáis posiciones ante la miopía de quienes
creen observar mejor que nadie.

Os divertís ante los crecidas estrategas,
quienes saben luchar mucho,
pero nada de disfrutar.
Sois cigarras que ahorran para el verano.